Lázaro en el Camino de Santiago 2023

Se hace camino al andar

Un grupo de treinta personas de diferentes lugares y situaciones partimos de Lugo hacia Santiago de Compostela con un objetivo en común: compartir la vida, la historia y las experiencias de cada uno para aprender a ser más humanos.

Hemos caminado buscando el encuentro, auténtico y profundo. En silencio y en compañía, cantando, bailando y cargando con el peso de aquellos que más lo necesitaban. Escuchando no solo nuestro propio ritmo, sino también el de los demás. Siendo soporte y permitiéndonos ser sostenidos por otros.

Ha sido una oportunidad para enfrentar de frente nuestros miedos, debilidades, pero también fortalezas y capacidades. Un momento para profundizar en quiénes somos, qué buscamos, hacia dónde vamos y qué huellas estamos dejando con la vida que llevamos. Una oportunidad para pensar en todas aquellas personas que han sido como «flechas amarillas» en nuestra vida. Aquellas que nos han ayudado a trascender lo superficial, que nos han motivado a ser mejores personas. Personas que nos han inspirado y que, en el camino, vuelven a nuestros corazones. También han sido días de reconciliación y agradecimiento.

El día a día del camino solidario

Comenzamos temprano, desayunamos en el lugar y estamos listos para emprender el camino. Una vez que todo el grupo está preparado, empieza la aventura. Algunos miembros nos invitan a una reflexión que nos acompañará durante el día. Ellos la preparan el día anterior y comparten su punto de vista, dejándonos alguna pregunta con la que pensar.

Todos llevan un papel en el que podrán seguir profundizando en estos temas, y cada uno empieza a caminar en silencio. Así vamos, a lo largo de una hora, estando dispuestos a escuchar lo que la Naturaleza y Dios nos quieren decir, escuchando en nuestro interior y de manera profunda.

Luego nos reunimos todos y volvemos a compartir un poema o reflexión que leemos de manera conjunta. Más tarde, seguimos caminando, ahora sí, con un desafío propio de cada jornada, nos disponemos a conversar con nuestros compañeros de camino. Vidas muy distintas, muchas desconocidas, pero que en el camino se convierten en vidas hermanas, y que nos enseñan mucho a través de sus testimonios, consejos y reflexiones. Luego paramos a comer si tenemos que recorrer muchos kilómetros. Hacer 30 seguidos no es tan sencillo. Recargamos fuerzas. Y algún bocadillo nos renueva. En otras ocasiones llegamos primero al albergue y luego preparamos algo entre todos. Siempre juntos, siempre ayudándonos mutuamente. Aquí todos somos protagonistas y responsables de nuestro camino.

Más tarde, llega el momento de la ducha y la pequeña siesta. Otros deciden ir a caminar y recorrer pueblos o ciudades. A eso de las 18 o 19 horas nos juntamos y nos dividimos en grupos para compartir lo vivido. Reflexionamos sobre nuestro camino, pero también sobre lo que este refleja de nuestra vida.

Hablamos de nuestro equipaje, de cómo avanzar en la vida, de nuestras limitaciones y capacidades. Otro día, nos toca enfrentar nuestros miedos, hacerles frente y pensar también en nuestros compañeros de vida.

Hemos revisado nuestras metas, personales y colectivas, y día a día hemos profundizado más en esas realidades compartidas. Luego llega la hora de cenar y lo hacemos a lo grande. Compartimos unas pizzas o un pulpo a la gallega, entre otras cosas.

Y sin dejar pasar mucho tiempo, cada uno va a su litera, esperando dormir y recuperarse para el día siguiente.

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